A
toda iglesita le llega su
fiestecita
Fernando
Rubio Garcidueñas
Tres, tres lecturas, tres... así como dicta la redacción
vernácula de algún espectáculo popular... tres lecturas se
me atraviesan y provocan enlaces entre mis neuronas
desgastadas de sobrevivir este año que termina.
UNA: artículo Producto, Estética, Experiencia de Horacio
Marchand (consultable también en www.hipermarketing.com),
aparecido en la sección Negocios del periódico REFORMA de
la Ciudad de México... “Después de las eras de la minería,
la agricultura, lo industrial, los servicios, lo
tecnológico; llega la era de la propiedad intelectual e
industrial, así como todo lo relacionado al diseño, el
sentido de estética y experiencia de uso. ¿Tu negocio en
qué era se ubica?...”
DOS: revista Gestión de Negocios, volumen 4, número 6,
Noviembre-Diciembre 2004, File, página 51, La revolución
del diseño, cuatro artículos... “Si aspiran a conquistar y
liderar mercados, a las empresas ya no les basta la mejor
calidad, el precio más bajo o una operación excelente. El
diseño por ser impulsor clave de la innovación (en
productos, servicios y hasta experiencias del cliente)
emergió como una nueva arma competitiva. Y cuando se lo
aplica a todos los aspectos de un negocio, además de
brindar soluciones creativas puede generar y sostener una
ventaja competitiva difícil de emular”.
TRES: II Jornadas Iberoamericanas de Diseño en la
Artesanía, noviembre 8-11, 2004, organizadas por FONART y
la FUNDACIÓN ESPAÑOLA PARA EL FOMENTO DE LA ARTESANÍA,
experiencias del cruce de caminos entre el diseño
(industrial, empaque, gráfico, marca, moda) y la artesanía,
con la participación de España, Guatemala, El Salvador,
Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Chile, Perú y México.
Experiencias que van desde trabajos de campo haciendo
mejoras en la productividad y en el producto mismo para
artesanos tradicionales, hasta nuevas lecturas de objetos
utilitarios y decorativos usando a la artesanía como base
estética. Trabajo del diseñador con impactos importantes:
mejora en economías regionales y creación de nuevas ofertas
estéticas al mercado de objetos.
Algo está pasando, algo en que los diseñadores somos
protagonistas y muchos no lo sabemos pero otros que no son
diseñadores ya lo saben se inquietan, les parece importante
y hablan de ello.
Desde el alebrije hasta el paradigma del
6 Sigma, el diseño y desarrollo de productos están haciendo
más ruido que el de las impresoras elaborando renders; la
visión del diseñador está guiando a empresas a resolver la
dirección de sus negocios.
Ya lo anticiparon hace pocos
años los autores de Funky Business: en el momento que todos
lo productos se planean con los mismos criterios de calidad
y de competitividad, todos los productos comienzan a ser
muy parecidos, en ese momento el diseño tiene la
herramienta que hace diferenciación por medio de la
innovación.
Ya nada es como antes, decía mi abuela ... pero
mañana tampoco será como es ahora, le completo yo.
Las palabras sabias alguna vez fueron vigentes por siglos;
en el siglo XX los gurús daban incentivos que duraban años,
incluso décadas; ahora el conocimiento puede vivir sólo
algunos meses. Así mientras algunos sueñan aún con Bauhaus,
otros mueren por ser Starck o más reciente por Mays o por
Ive, el diseño en casi una década ha cambiado radicalmente.
Hace treinta años un solo personaje hacía desde un museo
hasta un logotipo. Hoy una sola cara le da múltiples
servicios a un cliente pero está soportado por cada
especialista que el servicio requiera, trabajando en
equipos armónicos sin protagonismos. Hoy el cliente no
requiere diseños, requiere de soluciones para hacer
negocios y las oportunidades de negocio, de innovación
están en cualquier lado.
La tendencia la puedes seguir, pero también la puedes
provocar. No importa si estás en Sillicon Valley,
California, Estados Unidos o estás en Bangalore, India.
El
diseñador además de ser maestro de la estética de objetos,
implementador por naturaleza de la ergonomía -azote biliar
de ingenieros y proveedores de manufactura-, hoy puede y en
muchos casos ya lo es, un estratega en la planeación de
negocios en base a productos.
Muy atrás quedaron las
historias en que nadie entendía las palabras diseño o
ergonomía, o la palabra estética les espantaba... ahhh, qué
días aquellos que de tan absurdos llegaban a ser
divertidos! Al menos nos dejaron algunas anécdotas
fantásticas, como aquella de los años ochenta en la empresa
DieselNacional (DINA), que al no saber qué hacer con unos
diseñadores de carrocerías que sobrevivieron a un recorte
de personal, los ubicaron “accidentalmente” en unas fosas
de mantenimiento, apropiándose cada quién de un “privado”
en un performance terapéutico.
Sin embargo seguimos siendo los soñadores de siempre, pero
ahora soñar es el trabajo, hacemos soñar a otros, a
nuestros clientes, a los consumidores.
Todo lo comentado es
sólo un indicador, una tendencia, no es aún una cultura al
menos en el mercado mexicano. Apenas se deja ver en las
academias, apenas se deja ver en la oferta de consultoría,
se deja ver ya mucho en las compañías globales y con
grandes esfuerzos, en algunas compañías nacionales -sobre
todo en empresas medianas- y grita la ausencia de
desarrollo de productos en las micro y pequeñas industrias.
A nivel políticas federales hay ya esfuerzos que impulsan
la innovación: SECRETARÍA DE ECONOMÍA (Fondos Economía,
Fondo Pyme), CONACYT (Fondos Sectoriales, Fondos Mixtos),
SECRETARÍA DE HACIENDA (Estímulos Fiscales). Sin embargo el
punto débil de la cadena es aún el empresario, el
empresario mexicano que se mueve siempre “a la segura”,
hace dinero, mucho, pero no genera valor, no innova:
economiza, baja costos, aumenta productividad, aumenta
ganancias, es hábil en el ahorro por manejo “inteligente”
de impuestos...
En el contexto de la dirección empresarial
se dice que hacer empresa es armar ejércitos de oferentes
para conquistar plazas demandantes. Si los negocios son
territorios de combate, el diseño en México está en un
campo de batalla muy complejo, con estrategias casi
ausentes, con muy pocos generales en las divisiones de
nuevos productos... ¿quién tomará el mando?.
El diseñador,
sobre todo el industrial, puede ocupar ese liderazgo y no
por simple ambición, sino por ser el único que maneja e
integra casi todas las variables que le dan forma al futuro
producto. El diseñador industrial en cualquiera de sus
especialidades, es el único que “ve” y “hace ver a los
demás” un producto nuevo.
Nadie tiene nuestra magia, nadie
hechiza al consumidor como nosotros lo hacemos. ¿Será que
en el mundo de las tendencias y el valor de los servicios
al menos en lo que a nuestro país concierne, al diseño le
llegará su fiestecita como a toda iglesita?
Fernando Rubio
Garcidueñas, diseñador industrial, egresado y profesor del
Centro de Investigaciones de Diseño Industrial (UNAM).
Consultor independiente para empresas, organismos estatales
e instituciones educativas. Director asociado del estudio
de diseño Komo.
Contacto: frubio@servidor.unam.mx